jueves, 16 de febrero de 2012

Reirse de sí mismos

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Asterix en Bretaña

Los españoles, habitualmente tan divididos y poco dados a reaccionar al unísono de una única dirección, solemos acabar haciéndolo en las ocasiones en las que resulta menos indicado o necesario, como en éstos últimos días en que pusimos de manifiesto, mientras orinábamos fuera del tiesto, que nuestro sentido del humor también estaba en crisis. 

¿Qué se supone que hemos de esperar de un programa satírico de marionetas, más que el humor ácido que derrochan con cada emisión, en que se meten hasta con su propia sombra?. ¿Acaso nuestros programas de humor, esos de los que -por cierto- no andamos muy sobrados, no hacen lo propio con nuestros dirigentes, nuestras instituciones, con nuestros complejos, nuestros miedos y los de todos aquellos que se pongan a tiro?

Al poco de emitirse los vídeos del Guiñol de Canal Plus, pusimos un grito casi unánime en el cielo, rasgándonos las vestiduras, sin pararnos a pensar en que quienes lo elaboraron no hicieron más que lo que se viene esperando de ellos desde hace años: caricaturizar las noticias, ridiculizar a sus protagonistas, riéndose hasta del rastro de sus respectivas sombras.   

Pronto pudimos escuchar opiniones "versadas", otras "autorizadas", reprobando el contenido de los vídeos, condenando al programa y por extensión a los franceses y a sus órganos de gobierno... Las redes sociales se llenaron de manifestaciones de apoyo a nuestro deporte, en las que recordábamos los numerosos hitos de nuestras recientes victorias y los vacíos del palmarés galo... El programa, como no podía ser de otro modo, respondió a nuestras quejas concentrando más sentido del humor y afirmando que: "El pueblo español es amigo, tenemos muchas cosas en comun; ellos tienen -incluso- una Gioconda muy parecida a la nuestra..."

"¡Estos de los guiñoles son tontos!"... Fue la frase campechana del año de nuestro Rey, de la que afortunadamente y hasta hoy aún no se hicieron camisetas ni politonos. Mariano Rajoy, quien poco antes nos había gastado la simpática broma de asegurarnos que no abarataría el despido ni subiría los impuestos mostró, con ese sentido del humor que siempre le caracteriza, el lado más ácido de su indiferencia con un "No hay mayor desprecio que no hacer aprecio"...

Y ¡Oh Maldición!, como no podía faltar en este tipo de circunstancias, siempre hay alguien dispuesto a clavar un poco más la extremidad inferior en lugar poco oportuno; las declaraciones de José Ignacio Wert, recientemente nombrado Ministro de Educación, Cultura y Deporte, afirmando que "Tenemos un problema con el dopaje, por eso vamos a intentar aprobar la unificación de la ley antidopaje (española) para cumplir con las exigencias del Código Mundial Antidopaje de la AMA porque es un aspecto de capital importancia para Madrid 2020", no llegaron en el momento más oportuno, desde luego...



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