Jesús de Miguel, delantero manchego que defendía la camiseta del Tenerife C.F., falleció tras sufrir un golpe en el pecho, nada menos que un rodillazo propinado por el portero, Jesús Owono, del F.C. Andorra, con el que pretendía evitar el más que probable gol que se disponía a marcar su adversario.
Tras el choque, el
Los servicios médicos le
Aunque inicialmente logró ser reanimado, un posterior empeoramiento derivó
Tras esta noticia se abren cuando menos dos interrogantes:
1-. El fútbol, como deporte que se define "de contacto", un deporte que castiga enseñando tarjetitas de colores a los protagonistas de este tipo de encontronazos, ¿no debería tener unas líneas rojas y prohibiciones más severas, que, cuando menos, lo separen de las artes marciales?.
No tengo muy claro que lo ocurrido despeje toda la culpabilidad del cancerbero, quien, en el momento del trágico encontronazo y en lo que más parece un exceso de celo que otra cosa, se encontraba muy lejos de su sitio, en las inmediaciones del centro del campo.
Y no dejo de pensar en que no parece de recibo el que alguien, tras jugar un partido de fútbol, no regrese a su casa...
2-. ¿No debería cuando menos plantearse la necesidad de que los equipos médicos de los diferentes clubes dispongan de un desfibrilador, así como de personal formado para usarlos, algo que llega a ser crucial en casos como este?
Un muerto más por commotio cordis, que así es como se ha dado en llamar a este desenlace, uno más y me temo que no será el último... Seamos más preventivos, que no basta el minuto de silencio a toro pasado y en algún que otro partido.
