sábado, 10 de julio de 2010

Uve Pe Eme

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¡Qué difícil resulta elegir la denominación más apropiada a los nuevos conceptos ó a aquellos que, no siendo tan nuevos, se pretende destacar de un contexto ó renovar en protagonismo!.

Comenzaron siendo "malos tratos en la pareja"..., más tarde fue "violencia machista"..., "violencia doméstica"... pasó a ser "violencia de género"...

Ahora es V.P.M. (Violencia de Pareja contra las Mujeres), y lo será durante el espacio de tiempo, sin duda breve, que mediará entre la concepción de este acrónimo y el que habrá de sustituirlo, supuestamente para mejorarlo.

Existen dos, cuando menos dos intenciones en cada una de estas renovaciones: la concesión al eufemismo y el supuesto deseo de una mayor exactitud y corrección. En el trasfondo: toda una visión, una esquematización, una actitud y una legislación que, siendo precisos y en tanto en cuanto encuentren la cuadratura de su círculo, se revelan tan inacabadas como el término, con irreparables consecuencias, en ocasiones, para quienes sufren los problemas que emanan de las imperfecciones de los matices.

Sigue sin gustarme tampoco VPM, me parece menos apropiado que algunas de las denominaciones que la precedieron. Desde mi sentido crítico le sobra una M... Se vuelve al victimismo de uno de los géneros y aunque la mayoría de las veces son mujeres, la generalización acaba distorsionando el enfoque y ahogando la excepcion, que las hay. (En Madrid existe un despacho de abogados especializado en Violencia de Género sufrida por los Hombres; en la actualidad llevan unos 120 casos).

¿Qué interés, que no se preste a ser interpretado como otra manifestación de sexismo, puede haber en destacar que la violencia que se pretende legislar, es la que se ejerce únicamente hacia las mujeres?. ¿No resultaría más igualitario, emanando éstas consideraciones -como emanan- de los despachos de un Ministerio de Igualdad, el detenernos a hablar de V.P.?.


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