lunes, 21 de julio de 2014

El negro que tenía los callos blancos



Sirva el presente documento gráfico a modo de canto particular contra el racismo, la discriminación y/o la explotación laboral, en función de aspectos como el color de la piel.

Aunque suene a elemental o manido es necesario repetirlo una y otra vez, hasta que una cierta saciedad acabe haciendo innecesario el reiterarlo más veces: el trabajo, así como el esfuerzo de un obrero de color no difieren en nada del nuestro, como tampoco difieren los estigmas de sus sacrificios puesto que, al igual que las tuyas o las mías, las callosidades de sus manos son blancas.

En ocasiones se hace necesario recurrir al chocante y paradójico grafismo de imágenes como ésta, a la hora de conseguir activar el amplificador de una comprensión, de agitar una conciencia que, como la nuestra y con demasiada frecuencia, yace adormecida...



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