sábado, 19 de noviembre de 2016

Economía de Caricias



TRANSCRIPCIÓN DEL VÍDEO
Hay algo que es obvio, pero que acabamos obviando precisamente porque es obvio: los seres humanos para desarrollarnos necesitamos alimento, oxígeno y agua, pero sobre todo necesitamos caricias.

William Faulkner, el gran novelista -extraordinario novelista- en una de sus novelas -Las palmeras salvajes- dice lo siguiente:

"Entre el dolor y la nada prefiero el dolor"

Creo que esa frase ilustra muy bien un principio que enunció Claude Steiner, discípulo de Eric Berne quien fue a su vez discípulo de Freud: Steiner desarrolló una teoría, muy interesante, 

La teoría de la economía de caricias

... que viene a decir que fundamentalmente los humanos, para desarrollarnos, necesitamos la caricia externa, caricia no sólo entendida como el contacto de piel con piel; una caricia es una mirada, es un gesto amable, es un mensaje, es una mano en el hombro, es una sonrisa, es un feed-back, es una crítica constructiva... Caricia entendida, en inglés sería stroke, como signo de reconocimiento, pero qué ocurre?... Pongamos una metáfora, una analogía: si yo no tengo agua qué beber y estoy en un páramo, en un desierto, llevo muchos días moviéndome por ahí, sediento, sabiendo que además la vida empieza a correr riesgo, y encuentro un charco de agua en muy mal estado, que incluso por su hedor me frena a acercarme, no lo dudemos: cualquiera de nosotros se tiraría de cabeza al charco.

Con las caricias, con los signos de reconocimiento sucede lo mismo, y ahí está la frase de William Faulkner, entre el dolor y la nada prefiero el dolor, es decir: preferimos el dolor a la nada, por lo tanto cuando un ser humano no sabe cómo obtener caricias caricias positivas hace lo posible para obtener caricias negativas, antes que no tener ningún tipo de feed-back, de reconocimiento y de atención.

Esto es importante, esencialmente en la dinámica de grupos, en los equipos de trabajo, en la realización personal, porque muchas de las disfunciones que observamos en las relaciones interpersonales no se generan de manera consciente, se generan obedeciendo a este principio: cometo un error inconscientemente para llamar tu atención, porque ya que tu no me reconoces positivamente, amablemente, lo que hago es provocarte, por poner un ejemplo fuera de lo profesional pero que nos ayuda luego a volver al territorio del management: el adolescente que se rebela lo hace normalmente para tener la atención de ese padre ausente por motivos profesionales, porque tiene que pagar la hipoteca o porque está cansado -ese padre o esa madre- pégame antes que ignorarme... Por eso crea comportamientos disfuncionales, porque está clamando por el reconocimiento de aquella persona a la cual ama y que tiene como un referente. La rebelión muchas veces no es más que una forma descarada, incluso desesperada de llamar la atención,

Si fuéramos conscientes de esto la lectura que muchas veces haríamos de comportamientos poco afortunados, muchas veces tóxicos, no sería que el otro lo hace por incompetencia o deliberadamente, sino que lo hace porque nos está llamando nuestra atención, nuestro diálogo, nuestro feed-back para que los dos podamos crecer.

A partir de esta premisa, a partir de la premisa de que en el fondo todo ser humano necesita para sobrevivir caricias positivas, podemos llegar a una conclusión que creemos muy interesante: a la hora de relacionarnos con el otro, ya sea entre pares, ya sea con mandos o con personas que tienen autoridad moral o funcional, o con personas sobre las cuales nosotros tenemos ascendencia, no sirve de nada la relación tóxica, no sirve de nada, es tremendamente contraproducente el insulto, la presión innecesaria, la humillación, el acoso moral. Aquellas personas que dicen que sometiendo al otro y tratándolo con un exceso de presión rinde más, generan el espejismo de la eficiencia a corto plazo, están probablemente poniendo un combustible de alto octanage a un motor que a largo plazo no lo va a soportar. La curva de rendimiento a corto plazo puede ser explosiva, pero esa persona petará, y por lo tanto la disfunción a largo plazo será extraordinaria. Es mucho más inteligente buscar la aproximación basada en el que "Si tu estás bien yo estoy bien". Oscar Wilde decía que...

El egoísmo verdaderamente inteligente consiste en procurar
que los demás estén muy bien, para poder tú estar algo mejor

... Se trata de cuidar, se trata de respetar, se trata de dar alas... Si tú a tu hijo, antes de comenzar un partido de fútbol, le dices: "te vas a caer porque eres un inútil", ese niño se va a caer!... Pero porqué lo hace?... Porque te ama, porque cumple la profecía... Ahí está el efecto Pigmalión, en negativo. Pero si tú a ese mismo hijo le dices: "cariño disfruta, corre, vuela, tienes alas en los pies y si te caes yo estaré por tí", esa persona seguramente jugará muchísimo mejor que si no le dijeras nada.

Eso nos lleva al paradigma dogma que es cooperar en lugar de competir. La competencia es necesaria para nuestra excelencia, competir con nosotros mismos, el objeto de competencia soy yo, yo tengo que superar mis umbrales de máxima incompetencia. Pero si te comparas siempre pierdes. En realidad lo importante muchas veces no sólo es ser el mejor sino ser distinto, la comparación nos tiene que servir para dotarnos de excelencia, no para destruir al otro...

Y sobre todo: los equipos son fuertes, crecen cuando no hay narcisismos, cuando no hay vanidades, cuando no hay luchas codo con codo en la costilla del otro, sino codo con codo para hacer piña que nos permita superar la adversidad, el reto, la crisis... Si yo soy confiable para ti y tu eres confiable para mi nos comprometeremos, y de ese compromiso invariablemente nace la calidad, no puede haber calidad sin compromiso, pero no puede haber compromiso sin confianza, eso sí: la confianza no admite grados, es binaria, o confiamos o no confiamos. La lógica de la colaboración nace de la lógica de la confianza, y nace a su vez de esa lógica, la hemos enunciado antes, "trata a un ser humano como es y seguirá siendo lo que es", pero "trátalo como puede llegar a ser, porque confias en él, porque cooperas con él , y se convertirá en lo que está llamado a ser..."

Alex Rovira


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