domingo, 13 de noviembre de 2016

Graffitis en las letrinas



Una de las visitas más interesantes, algo que parecería programado por alguna de esas estúpidas leyes de Murphy, fue una de las que teóricamente nunca hubiese podido hacer... 

Hablamos de la ciudad de Ostia Antica la cual, a unos 30 kilómetros de la Capital Imperial, constituyó el puerto por el que llegaron cuantas mercancías fueron necesarias para mantener las necesidades del cerca del millón de almas que residían en Roma...

La visita al yacimiento de Ostia me pareció extraordinaria y solo por cuanto enseñan, que ya resulta del máximo interés; imaginaos además todo aquello que guardan, en un intento de custodiar y/o de rehabilitar.

Mucho me costó fotografiar estas imágenes de las paredes de las letrinas de sus Termas de los Siete Sabios, por cuanto son instalaciones cerradas al público... Yo las había conocido por casualidad, fruto de un proceso de documentación previo a mi viaje...



Hube de dirigirme a un par de arqueólogos/restauradores que allí se encontraban y presentarme como un médico español, muy inclinado hacia la Gastroenterología, suplicándoles que me permitiesen verlas y fotografiarlas durante un solo minuto. Tuve suerte...!

En las paredes de estas letrinas se representa a los siete sabios de la antigüedad, que dan nombre a las termas, sentenciando frases escatológicas sobre la defecación y las flatulencias.

La primera foto corresponde a algunas de estas frases: a la derecha Thales de Mileto afirma "Durum cacantes monuit ut nitant Thales", que en román paladino viene a significar que "Thales recomienda que las personas que defecan con dificultad han de esforzarse"...


Otra frase, la más simpática, sentencia: "Amice fugit te proverbium: bene caca et irrima médicos"... lo que viene a ser más o menos: "Amigo, no conoces el refrán?: caga bién y... que les den a los médicos!"


Y la última que mencionaré y que parece salir de la boca del sabio Chillon: "Vissi retacite Chillon docuit subdolus" se traduciría por "Fue el listo de Chillón el que enseñó a la gente a tirarse pedos sin hacer ruido".

Esta visita me cautivó desde su graciosa grosería, recordándome algunos dichos populares de antaño, como uno que parecía gustar particularmente a mi abuelo, quien afirmaba desde su formación de extremeño rural aquello de: "El que pee fuerte y mea claro no necesita ni médico ni cirujano"...

En fin: vuelvo a pensar que los clásicos ya lo habían inventado todo, hasta los soeces graffitis de las paredes de los cuartos de baño...



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