martes, 26 de agosto de 2014

El psiquiatra que escribió



Fue un gran médico psiquiatra y puede que un mejor escritor: agradezco a Juan Antonio Vallejo Nájera las agradables horas de lectura que me regaló a través de aquellos, sus libros que tuve la suerte de disfrutar y cuya lectura recomiendo encarecidamente:

-. Concierto para instrumentos desafinados: un compendio de las historias cortas -lean esta a modo de ejemplo- que nos cuenta desde su cargo de director de una institución psiquiátrica, con la humanidad y ternura que caracterizan a su manejo de la pluma.

-. Locos egregios: La biografía de algunos personajes famosos de la historia, contada desde el punto de vista de un psiquiatra y lógicamente volcadas en la vertiente de sus psicopatologías.

-. La puerta de la esperanza: un testimonio escrito en los últimos meses de la vida del autor, cuando se sabía apagándose, y con el que pretende convencernos de que la muerte no es la puerta que se cierra, sino que se abre a la esperanza. Su mayor temor ante la muerte era el no poder rendir cuentas, pero Dios le dio esa oportunidad... Siempre según el autor: el mayor favor que pueden hacerle a un cristiano es avisarle de la proximidad de su final... Y porque hay una tradición en España respecto de "la buena muerte", Juan Antonio imitó el ejemplo de Marina de Escobar, mística del siglo XVII, y murió sonriendo.

* * *

Su legado fue en una gran medida autobiográfico... Según Vallejo y en su época, que por lo que nos cuenta debió de ser un tanto parecida a la de Dickens (salvando las distancias): lo habitual era que el muchacho despierto, hijo de obreros cualificados, de clase media modesta, se orientase hacia el estudio de la medicina, no así los hijos de familias distinguidas.

De sus inicios nos recuerda que los médicos jóvenes, en aquellos tiempos, conformaban su cupo con lo que él gustaba de clasificar como las "4 pés"...: Parientes, Pobres, Putas y Puñeteros.

Su clientela fue modesta, de clase media tirando a baja porque, aún estando bien relacionado, la aristocracia pagaba mal y tarde, además de vendérselo como un favor y exigiendo cierto servilismo a la vez... Procuraba tener unos honorarios modestos y cobraba a ricos y a pobres por igual.

Acabó dimitiendo de su consulta, no porque hubiera disminuido su discernimiento, sino su paciencia, porque llega un momento en que a los médicos famosos sólo les visitan enfermos incurables...

Y nos recuerda, al final y porque él también llegó a ser enfermo terminal, las cuatro fases por las que pasa el ocaso de la vida:
1.- En la primera sigues formando parte del mundo
2.- En la segunda este se circunscribe a lo que pasa en tu casa y tu familia
3.- En la tercera a lo que pasa en tu habitación
4.- Y en la cuarta únicamente a lo que ocurre en tu interior



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