lunes, 2 de abril de 2012

¡Rápido! ¡Acfol!



Tal y como planteaba el título de aquella teleserie norteamericana: "los problemas crecen" y cuando no se intenta solucionarlos desde la facilidad que suponen y requieren en su etapa de cachorros, disparan tamaño y aparatosidad hasta adquirir bravuras que pueden resultar más complicadas de lidiar.

Con la indefinición de algunos y la impasibilidad de otros hemos conseguido que el concepto de Urgencia se difumine de tal modo, que llegue a enmarañarse con el de normalidad, dando forma al ovillo del destajo que define hoy a la actividad de una buena parte de los Centros Sanitarios.

En estos días, supliendo en un Centro de Salud de Madrid y a la hora más complicada de la mañana, vino a verme una paciente por necesitar una receta de Acfol. Acudió "de Urgencias" o mejor, tal y como nos empeñamos en apostillar, vino "Sin cita"; aunque tanto da, el honor que requiere la verdad insiste en que ambas formas de expresar el concepto resultan igualmente inútiles: el caso es que vino sin tener que venir y para un inri de los de a mayores apostilló que "ella siempre venía sin cita".

Acfol, producto archiconocido por cuantas pretendieron y/o consiguieron quedar embarazadas, es un complemento dieto-vitamínico a base de ácido fólico, cuyas acciones no alcanzan a rozar ningún aspecto relacionado con las prisas...

Aunque, en justicia, no todos los pacientes son iguales: a algunos les importamos... O al menos, esa es la impresión que me empeñé en reforzar tras una consulta que tuvo lugar ese mismo día, cuando al despedirse un paciente me dijo, desde un cálido acento argentino: "¡Es Ud. muy amable, Doctor, deseo que vengan a verle pacientes agradables, que le proporcionen una feliz estancia!"...


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