jueves, 26 de abril de 2012

La muerte del médico...

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Suena el teléfono un día de la semana, hacia el mediodía:
-. Sí?. Hola, Dígame...
-. (...) ...El Doctor Pérez ha fallecido esta mañana, inesperadamente, tenía la agenda llena para hoy... ¿Puede Ud. pasar consulta esta tarde, en el Centro de Salud de (...) ...?. 
-. Por supuesto, contad conmigo: me dirijo ahora mismo hacía allí.

Conocí a este médico hace un par de años, trabajando en el mismo Centro por sustituir a otro, quien se encontraba inmerso en una prolongada baja por enfermedad.

Una muerte súbita se había llevado a un hombre de poco más de 40 años y que a priori, según pude saber, no tenía enfermedad alguna que hiciese pensar en la posibilidad de tal desenlace. Se trata sin duda de una fatídica experiencia que invita a pensar, a recordar que la muerte no respeta a nada ni a nadie, que debemos vivir cada día dando gracias e intensamente, como si fuese el último o el primero, según se mire...

En el Centro se respiraba un estupor generalizado, era como si hubiese dejado de ser Centro de Salud para, por un momento, convertirse en Tanatorio: los colegas, cabizbajos, formaban corros en los que recordaban, con la tristeza de la media voz, antiguas anécdotas vividas junto a él...; los compungidos administrativos intentaban mostrar -detrás del mostrador y a duras penas- su mejor cara ante el público...; al pasar junto a algunas salas podían oírse los llantos de las enfermeras con las que había compartido años de compañerismo, en equipo...

La consulta rebosaba de sus recuerdos: numerosos libros, algunos pósteres de lugares con encanto, fotos impresas de sus dos hijos, dibujos que los de sus pacientes habían hecho para él... Al fin y al cabo, éste era el lugar en el que transcurrió la mayor parte de su tiempo, a lo largo de los últimos años de su vida.

En cuanto a la de los pacientes, su reacción era la que cabría esperar, la normal, la de siempre y cuando ven que otro profesional ocupa la consulta de su médico habitual...: preguntan por él:
-. ¿Hoy no está el Dr. Pérez?
-. No, no está.
-. ¿No estará enfermo, verdad?.. ¿Se ha tomado unos días de vacaciones?
Habida cuenta de que era algo que tarde o temprano acabarían sabiendo, adopté la premisa de ser franco y claro con quienes preguntaban...
-. No... Siento informarle que su médico ha fallecido esta mañana... hace unas horas...
-. ¡¡¿¿Qué me dice Ud.??!! ¡¡¿¿Y qué ha pasado??!!
-. Siento mucho darle una noticia así; también no poder darle más detalles, es cuanto sé. Dadas las dramáticas e inesperadas circunstancias me llamaron hace unas horas, para pedirme que me hiciera cargo de la mucha gente que estaba citada hoy, en la consulta.

Por las reacciones podía verse, de lejos, que no sólo fue un gran profesional, también un hombre bueno, querido por sus amigos y respetado por sus pacientes. 

Descansa en Paz, Doctor...



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