domingo, 1 de julio de 2012

La hierba de Nicot

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Como todos sabemos, el tabaco es originario de América. Por referencias se cree que el mismo día de su desembarco en Cuba, en ese inolvidable año de 1.492, Cristóbal Colón y sus compañeros pudieron observar, atónitos, a los indios fumando tabaco. Uno de ellos, Don Rodrigo de Jerez, fue quien se encargó de llevar esta hierba a España, y muy probablemente no será más que una casualidad, algo que nada tendrá que ver con las actuales medidas restrictivas, pero fue juzgado por la Inquisición y condenado a muerte muy poco tiempo después...

Durante el reinado de Felipe II el tabaco hizo carrera en las cortes europeas. De Portugal lo llevaría a París el Señor Jean Nicot de Villemann, motivo por el que se le empezó a llamar “La Hierba de Nicot”... Precisamente de ahí se extrajo la denominación de su principal alcaloide, la nicotina, poderosa y adictiva droga con acciones farmacológicas bien definidas. La nicotina se ha venido a usar en la terapéutica actual en forma de parches, como tratamiento coadyuvante para la deshabituación. Gracias a la ayuda de estos parches pude dejar de fumar, hace ahora un año y medio. También se han elaborado chicles y caramelos de nicotina, con idéntico fin.

En sus comienzos el tabaco se empezó a usar como sustancia con propiedades medicinales. El propio Nicot se encargó de divulgar las aparentes virtudes curativas de esta hierba americana a través de personas tan importantes como Catalina de Médicis, el Cardenal de Lorena y su hermano el Gran Prior, por lo que también fue conocida como la “hierba del Gran Prior”. Hubo otra serie de personas influyentes que fueron muy partidarios del tabaco como planta medicinal, más notoriamente el médico y agrónomo Jean Liebault, quien en un famoso libro describe ya las virtudes curativas de esta planta, útil para el tratamiento de no pocas enfermedades, especialmente heridas, cánceres ulcerados y sarnas; en las primeras por ejemplo se usaban las hojas machacadas en un mortero, junto con su jugo, aplicadas directamente sobre la herida. 

Durante un tiempo el tabaco fue expendido en las boticas de la época, siendo tantas sus indicaciones que acabó llamándose "Herba Panacea", en el sentido en que se llegó a pensar que podía servir para curarlo absolutamente todo, aunque pronto aparecieron los detractores, el más famoso de los cuales fue el Rey Jacobo I de Inglaterra, el soberano hijo de María Estuardo y sucesor de la gran Isabel I, quien en sus cuarenta años de reinado escribió varios libros y uno de los cuales fue “Counterblast to tobacco”, una verdadera diatriba donde se afirma que el tabaco no tiene acción curativa alguna y por lo que acaba siendo justo el pensar que este Rey fue un auténtico visionario, un adelantado a su época.


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