jueves, 26 de julio de 2012

Impaciente e incívico...

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En esta tercera entrega de lo que -sin pretenderlo- resultó una trilogía de aconteceres en las salas de espera de los Centros de Salud, se pone incuestionablemente de manifiesto la veracidad de la sentencia que apuntaba uno de mis lectores en el comentario que nos dejó días atrás: estos lugares, tal y como están construidos en nuestro país, resultan los perfectos escenarios para que algunos pacientes, sobre todo aquellos de comportamiento menos cívico, se conviertan en masa...
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En una de mis salidas de hoy y tras citar el nombre de una mujer (puede que fuese ¿Francisca?, ya no recuerdo bien), un individuo se manifestó en voz alta, señalándola con el dedo y generando una innegable tensión...:
-. ¡Esta no pasa antes que yo!: ¡Ella tiene cita a las 10h10 y yo a las 10h05!
-. ¿Perdón, cuál es su nombre?
-. Clemente Pérez
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Tras consultar con mi programación:
-.... Lo siento Clemente, pero no está Ud. en mi agenda, así que le ruego vaya al mostrador de la entrada, a aclarar su situación.
-. ¿Cómo que no estoy?
-. No, no tiene Ud. cita hoy...
-. ¿Pero no me va a atender?
-. Hasta que Ud. no esté citado: NO
-. ¿Y... A qué hora pasaré?
-. Eso dependerá de la hora que le asignen, dudo que pase antes...
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Le dieron cita en un hueco que quedaba libre, una hora y pico más tarde, por lo que tengo que pediros que perdonéis esta perversa manifestación de mi carácter: no imagináis el placer que me produjo el ver a Clemente esperando su turno, cada vez que durante ese espacio de tiempo, tuve ocasión de volver a salir para citar.
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