sábado, 20 de noviembre de 2010

Una chuleta contra el sobrepeso


Inmersos en esta religión contemporánea -el consumismo- hemos generado una sociedad de extremos, de extremos relacionados precisamente con el consumo y, por supuesto, con nuestra alimentación. 

Hoy por hoy son harto frecuentes los trastornos alimenticios, bien bajo las sinuosas formas del sobrepeso o la obesidad (los más), bien perdiendo hasta las formas por todo lo contrario. 

DESPRECIO POR LAS MODAS
En este sentido las modas siempre han apostado, en una radicalización minoritaria, por la dinerocracia. En épocas de hambruna gustaban las tipologías "fondonas" salpicadas por las huellas de la celulitis (pregúntenle a Rubens)... y ahora, hoy, inmersos en el mundo de la abundancia, tenían que exigir -¡como no!- las constituciones ososas y lóngilíneas... 

Por eso, amigos, no debemos hacer excesivo caso a las modas, partamos de la base de desconfiar de todo lo que es efímero o cambiante y busquemos el valor seguro que nos proporciona la virtud que, según dicen, se encuentra en el término medio. 

LO QUE SE ENCUENTRA EN LA BASE DEL PROBLEMA
En la base nuestro problema es simple y resulta de la conjunción de dos factores:
1.- La  facilidad con la que accedemos a los alimentos más variados. Hay de todo y es fácil conseguirlo, basta con ir a alguno de entre una gran variedad de hipermercados, a lo largo de un dilatado horario, cualquier dia de la semana...
2.- Las comodidades de las que nos hemos rodeado y que suponen un considerable ahorro de calorías (pensemos en el ascensor, en el coche, el mando a distancia, el correo electrónico, la lavadora... etc... y en las calorías que nos ahorran, respecto de la forma tradicional de ejecutar cada una de estas acciones...).

En las últimas décadas los avances tecnológicos y sociales han sido espectaculares, pero los cambios metabólicos no les fueron a la zaga, requiriendo estos últimos de muchas generaciones para hacerse efectivos: por este motivo ahora somos algo parecido a cavernícolas que, teniendo la nevera llena, no necesitan salir de caza.

Si quisiéramos complicarlo un poco más, recurriríamos a aspectos de una menor entidad pero que también podrían ser tenidos en cuenta: el  exceso de celo de la industria alimenticia, a la hora de proporcionarnos alimentos cada día más refinados, hipercalóricos y concentrados; la ansiedad en la que andamos siempre inmersos, etc...

Apenas hay más secretos, y es algo que ilustran estos dos ejemplos:
1.- Pensemos en las actrices. De las estrellas de Hollywood no puede decirse, precisamente, que tengan carencias económicas; en principio podrían adquirir cualquier método, por gravoso que éste fuera... Sin embargo sabemos que para mantener sus figuras han de pasarse horas en un gimnasio y controlar infatigablemente una alimentación en la que la lechuga se configura como reina indiscutible.
2.- Hace pocos años un familiar muy allegado estuvo ingresado, todo un mes, en una famosa clínica de la Costa del Sol, con el fin de someterse a un régimen adelgazante. Se trata de una clínica de cierto lujo, a la que suelen recurrir algunas de nuestras estrellas.... El secreto de este establecimiento es el de someter al paciente a una dieta absoluta, la ingesta de grandes cantidades de líquidos (agua) y un apretado programa de actividades a modo de ayuda para olvidar el hambre... En un mes tan sólo le dieron la cuarta parte de un fresón de Huelva, para celebrar una jornada festiva. 

DESDRAMATICEMOS LA CUESTIÓN
Lo primero que debe Ud. hacer es desdramatizar el asunto, pensar que no es cosa de hoy para mañana y que, aún sobrándole muchos kilos, aún teniendo un IMC muy elevado (Indice de Masa Corporal), el problema, considerado en un día a día, siempre es  relativamente pequeño y asumible. 

Basta con que una persona se exceda, en cada comida, en 2 ó 3 cucharadas de más... basta con moverse, cada día, 10 ó 15 minutos menos... para que al cabo de un año nos encontremos con la sorpresa de contar con 10 kilogramos más de humanidad. 

NO VIVA PARA COMER
Siguiendo ese eje argumental Ud. no debe dejar de comer, ni llegar a sentir los espasmos del hambre: bastará con distinguir que, en el momento de sentarse ante una mesa, existen dos posibles finales:
-. Acabar saciados
-. O encontrar ese momento en el que se ha apaciguado el hambre y, aún pudiendo comer más ya no resulta ni tan necesario, ni tampoco tan conveniente. Acostumbrese a "comer para vivir", que no a "vivir para comer". 

PLANIFIQUE SU ALIMENTACIÓN
Por supuesto que cuantas estrategias pueda desarrollar, de cara a establecer la consecución de una meta por objetivos, serán bienvenidas. En definitiva le estoy pidiendo que no se siente a comer sin más, intente planificar previamente sus comidas:
1.- No se exceda en las raciones, existe una tendencia -genética ó aprendida- a ingerir cuanto hay en el plato. Sírvase un poco menos de lo que venía siendo habitual.
2.- Haga  lo propio con el pan (calcule la ración) y con el agua (beber abundante líquido también ayudará).
3.- Si va a comer algún frito, puede resultar conveniente el colocarlo sobre una servilleta de celulosa antes de depositarlo en el plato: la servilleta absorberá el exceso de aceite.. (piense en los litros de grasa que esta medida puede evitarle ingerir, a lo largo de un año).
4.- No resulta aconsejable la sobremesa: estar sentado ante la comida incrementa las posibilidades de seguir comiendo, por eso habrá de abonarse a ese minuto heroico que supone el momento oportuno de abandonar la mesa. 

EJERCICIO
El ejercicio es fundamental, intente introducir alguna de ésta práctica en su vida:
1.- Practique algún deporte. Caso de que no le resulte posible hacerlo en el seno de un gimnasio ó piscina, prográmese un paseo diario. Exíjase una cierta disciplina a la hora de realizarlo.
2.- Ahórrese ahorradores de calorías: aquellos ascensores, mandos a distancia, etc... de los que hablábamos en un párrafo anterior. 

LA CALIDAD TAMBIEN CUENTA
Poco a poco, sin que suponga gran dificultad ni tampoco sacrificio, habrá de ir cambiando la calidad de su alimentación.

Partiendo de la base de que la semana tiene 14 comidas principales (7 comidas + 7 cenas), bien puede autoimponerse que 4 de ellas, al menos inicialmente, sean de contenido hipocalórico: ensaladas, pescados ó pechuga de pollo a la plancha, fruta... etc. 

AUTOCRÍTICA
Pasado un primer mes y analizados los resultados, sea autocrítico y planteese éstas dos cuestiones:
1.- ¿Qué he conseguido?. ¿Porqué lo he conseguido? ó ¿Porqué no lo he conseguido? (según el caso).
2.- ¿Qué puedo hacer para mejorar los planteamientos iniciales?

Y por supuesto, no arroje la toalla en caso de fracaso: el intento ya constituye mérito y aprendizaje, en sí mismo.



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