martes, 13 de marzo de 2012

Macgyver vino a la consulta


Cuando sustituyo a un compañero por un día, no es infrecuente que vuelva a remitir a algún enfermo para que acuda nuevamente y en otro momento, a consultar con su médico. 

Son casos, ya por las particulares circunstancias del paciente o del tema (¿no está el doctor Tal?, ¿cuando viene?, es que a mí el doctor me hace o prescribe esto o aquello...); o que requieren un seguimiento periódico y exhaustivo, corrigiendo variables y rectificando rumbos, en los que probablemente no resulte conveniente que seamos varios los capitanes que los dirijan. 

En este sentido no dejo de recordar un aforismo que se nos decía en la facultad y que recurriendo a la exageración incidía en tales consideraciones: "Un médico cura, dos dudan... y tres muerte segura!"

Pongamos pues, resumiendo, que de los cerca de 50 que suelen poblar una agenda y por los motivos expuestos, vengo derivando a un par de enfermos, ó tres diarios. El que voy a contar a continuación fue uno de esos casos. 

Parecía un hombre de cierta madura edad, aunque cuidado física e intelectualmente... Llegó a la consulta con un recorte del dominical "El País Semanal" que por su aspecto amarillento y arrugado ya debía tener sus años, en el que aparecía subrayado un párrafo que venía a decir que se estaban investigando los efectos de la testosterona (hormona masculina por excelencia) sobre el metabolismo, para poder ser aplicados, en un futuro y en beneficio de enfermedades como la Diabetes Mellitus.

Nuestro paciente daba por sentado que aquella ideación futurista ya se había alcanzado, por cuanto pretendía abandonar el tratamiento con insulina, que por no estar aún bien ajustado y/o por sus excesos, no le proporcionaba unos resultados que alcanzasen a ser totalmente satisfactorios, para pasar a tomar testosterona. De paso, y según él (imagino que era el fruto de cuánto había ido cosechando en sus búsquedas por los diarios, en internet, etc) podría ahorrarse de seguir tomando el alpha-bloqueante que requería para sus problemas prostáticos, así como el Viagra, al que recurría eventualmente.

No pude eludir la conclusión (reflexiva): "¡Menudo gestor se ha perdido el Ministerio de Sanidad!".

Ante mi oposición a sus propuestas, pero sobre todo por su persistencia, decidí aconsejarle que lo consultase con su Doctora habitual, mientras le ajustaban su perfil de glucemia.

No quiero dejar de aprovechar la ocasión que me brinda este post para incidir, una vez más, en que los consejos y noticias médicas que escuchamos, vemos o leemos en los diferentes medios de comunicación (prensa, radio, televisión e internet), han de ser percibidos con la necesaria capacitación del sentido crítico. Y ha se ser siempre nuestro médico, como el profesional mejor preparado en estos temas, quién nos oriente hacia las respuestas que necesitamos.



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