domingo, 30 de enero de 2011

La Joyosa...



De todos es sabido -lo hemos comentado en múltiples ocasiones- que uno de los mayores problemas de nuestro Sistema Público de Salud es precisamente lo que a priori habría de ser una de sus principales ventajas: la gratuidad. Una gratuidad que suele resultar mal entendida y que asfixia, hasta llegar a aletargar un tan posible como deseable uso responsable. A diario vemos muestras del abuso de los medios, materiales o humanos, que por ser comunes no entendemos como propios cuando se trata de preservarlos.

Sirva como ejemplo lo ocurrido la pasada semana en mi consulta:
-. Verá Ud. Doctor, últimamente se me irrita el oído -me comentaba la paciente a la vez que señalaba el lóbulo de su oreja.
-. ¿El oído?... ¿Por dentro?
-. Sí
-. Pero entonces... ¿Por qué se toca Ud. el lóbulo de la oreja?. ¿Se refiere Ud. al oído o a la oreja?
-. Eso! me refiero a la oreja, que se me irrita un poco cuando me pongo alguno de mis pendientes.
-. Pues ahora lo veo absolutamente normal...
-. Ya, es que llevo días sin ponérmelos...
-. Entonces el asunto es de una claridad meridiana: ¡Ha desarrollado Ud. una sensibilización a alguno de los metales que componen sus pendientes!. Es probable que tenga que usar otro tipo de pendientes o metales...
-. ¿No me puede hacer pruebas para que estemos seguros de que es eso?...
-. No, no voy a enviarla a hacer pruebas, no será necesario. Las pruebas son sencillas y puede Ud. realizarlas en  su propia casa: bastará con ver que ocurre cuando se los pone, y qué cuando se los quita...
-. ¿Pero esto no se cura?... ¿Por qué no me envía a algún especialista?
-. Sí se cura: basta con evitar el contacto con ese tipo de pendientes.
-. Pero entonces... ¿¿Que hago yo con mis pendientes??, con lo que me gustan, que hasta mis amigas me llaman "La Joyosa"...
-. (...)



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