miércoles, 30 de junio de 2010

Severo pone un gesto severo

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Villa Carmen, en Luarca (Asturias)


Uno asume ahora -la asume porque por fin la entiende- aquella frase que surgía del pesimismo de la España más negra, aquel comentario fatalista en boca de Ortega: "¡Que inventen los otros!".

La historia de nuestro país no es más que la de una caída en picado, desde la atalaya de un siglo de Oro, hasta nuestros días, una caída que no se detendrá en tanto en cuanto sigamos siendo más Sanchos que Quijotes, ó más Quijotes que Sanchos, que ya ni sé.

La foto que veis la hice no sin cierta rabia, no sin cierta amargura. Corresponde a la casa en la que vivió uno de nuestros hombres más ilustres, uno de los dos únicos premios Nóbel de Medicina que hemos tenido y que probablemente tendremos: Severo Ochoa.

Don Severo nació y vivió una parte de su vida en Luarca, una preciosa localidad de Asturias. Vivió en esta casa, a la que bautizó con el nombre de la esposa a la que veneró toda su vida. Actualmente no es ese museo que yo esperaría fuese, para honrar su memoria, no: es simple y llanamente una cetárea, un criadero de mariscos....

Espero que aquel que empezó traduciendo los abigarrados textos de nuestro código biológico, el que sentó las bases para el actual desarrollo de la ingeniería genética, sepa perdonarnos algún día.


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