domingo, 26 de febrero de 2017

Carnaval te quiero...



Independientemente de que el Carnaval sea una fiesta que aplaudo con entusiasmo y de que entienda que su éxito implique a más personas, en el también creciente numero de ciudades y países que lo celebran...

Me chiflan cada una de las manifestaciones de este festejo, que adopta formas tan diferentes entre sí, en según el lugar, pero compartiendo todas y todos ellos el denominador común de la diversión, una diversión que -por cierto- ya no parece justificarse en la posterior mortificación de la cuaresma...

Me encanta el glamour del Carnaval Veneciano, la grandiosidad del de Tenerife o el gracejo del Gaditano... Me entusiasma, también y por supuesto, la sensualidad que fluye por el Sambódromo del lejano Sao Paolo. Por gustarme: me gusta hasta el Carnaval de nuestros pueblos, dónde he llegado a ver disfraces francamente espectaculares.

Pero existen excepciones a ese "Carnaval, te quiero!...", porque me resisto a aplaudir los disfraces que suelen relacionarse con nuestros sanitarios: sencilla y llanamente me horrorizan. No entiendo de donde pudo salir el de ese médico ensangrentado, serrucho en mano, como no fuese de algún film de terror de la serie B. Y qué decir de la indumentaria de esa enfermera, más apropiada para trabajar en un bar de muchas luces, que en un centro sanitario?...



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