domingo, 3 de julio de 2016

El efecto Pigmalión



No se me ocurre mejor día que el de mi cumpleaños para hablaros del Efecto Pigmalión, ese por el que un autor se apasiona con su obra, como en su día le ocurriera al famoso rey/escultor chipriota, que acabó enamorándose de Galatea, la figura femenina que esculpió.

Hoy cumplo años y hace poco más de dos semanas que también los cumplía El Parte de Confirmación, alcanzando su sexto aniversario... (Recordemos el primer post, de un 13 de junio de 2010, pulsando aquí).

De alguna manera los blogs deben tener un metabolismo casi canino, cumpliendo varios por cada año solar, y es que siento la ligera impresión de que con estos seis se encontraría atravesando una adolescencia de reconocimiento y aceptación por la que quiero transmitiros mi entusiasmo, envuelto con el más sincero agradecimiento.

Creo que se están alcanzando los objetivos de llevar a El Parte de Confirmación hasta la consideración de ser lo más parecido a una revista virtual en la que los temas sanitarios se abordan desde el humor, con el deseo de entretenimiento y la pretensión de alcanzar al profesional, aunque también a un público general, al que se le supone un vivo interés por los temas relacionados con la salud.

Los datos de lecturas, pero sobre todo, la constatación de que la obra llega a todas partes antes que su autor, me confirman que esto se está logrando... Y confieso que resulta muy agradable que me identifiquen allá por donde voy con un: 
-. No me fastidies que tu eres el del Parte de Confirmación!!!???... Yo lo miro mucho!!!

Por cierto, y ya que empezábamos hablando de Pigmalíon: Afrodita, al ver el amor que Pigmalión sentía hacia su obra, acabaría convirtiendo a la estatua en una mujer...

De la belleza de este mito, surgirían más tarde:
-. múltiples derivaciones, como la de Geppeto con Pinocho, o películas como My Fair Lady, Pretty Woman... y una larguísima lista de etc...
-. e interpretaciones, como la que Rosenthal y Jacobson establecen en el mundillo pedagógico, al hablar del Efecto Pigmalión desde la teoría de la profecía autorrealizada y según la cual las expectativas de los formadores influirían en la motivación de los alumnos. 



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