viernes, 10 de julio de 2015

Morir de rabia



Ahora que el de las vacunas es un tema de rabiosa actualidad, aunque por motivos bien distintos, quisiera compartir con vosotros esta curiosa historia que leí con gran interés el otro día, cuando se cumplían 130 años de la efeméride.

Joseph Meister fue el primer paciente que recibió la vacuna antirrábica, le fue administrada directamente por Louis Pasteur.

Por su elevadísima mortalidad, la rabia siempre fue una enfermedad muy temida: una vez contraída resultaba casi siempre mortal (en realidad existen menos de 10 casos documentados de supervivencia una vez aparecidos los síntomas ).... Por suerte para todos nosotros, aunque también para nuestras mascotas, Louis Pasteur desarrolló una vacuna con capacidad para inactivar al virus antes de que esto ocurriese. 

La primera vacuna se administró en 1885: en una calurosa mañana del mes de julio el pequeño Joseph era llevado a rastras por su madre, a través de las calles de París y en busca de un científico desconocido que, según los rumores, podría prevenir la rabia. El niño, de nueve años de edad, había sido mordido por un perro rabioso, motivo por el que su madre le había traído desde su ciudad natal -en Alsacia- hasta París...

Por aquel entonces Louis Pasteur estaba investigando su vacuna contra la rabia, la cual aún no había sido probada en humanos, pero movido por las lágrimas de la señora Meister accedió a inyectar el resultado de sus experimentos al joven Joseph... Posteriormente y durante tres semanas Pasteur vigiló junto a su cabecera la evolución del pequeño, quien para alegría de todos acabó recuperándose.

En el otoño, cuando la Academia Francesa de las Ciencias reconoció el éxito, cientos de personas que habían sido mordidas por animales rabiosos acudieron hasta el laboratorio de Pasteur... 

En cuanto al joven Joseph: pasaría toda su vida trabajando como vigilante en el afamado Instituto Pasteur que se construyó posteriormente... Muchos años más tarde acabaría suicidándose por culpa de la rabia, aunque ahora estemos hablando de otra rabia: la que le invadió al no poder impedir el acceso de las tropas nazis de la Wehrmacht a las instalaciones, con la ocupación de París en 1940.




Related Posts with Thumbnails