jueves, 14 de febrero de 2013

San Valentín cerebral



Los sentimientos no se generan en el corazón, sino en el cerebro, mediados por un buen número de neurotransmisores y hormonas, entre los que cabe destacar la serotonina y la dopamina, que crearían la irremediable necesidad de volver a ver a la persona amada, o como la oxitocina, que se libera durante el orgasmo y estaría vinculada con las relaciones duraderas, fomentando la monogamia. 

El amor actuaría como una droga, puesto que produciría idénticos efectos en el organismo, y sí, es verdad que es ciego, por suprimir la actividad de determinadas áreas cerebrales relacionadas con el pensamiento crítico.

El corazón no tiene nada que ver y, aunque cuanto diga resulte un atentado contra el romanticismo, lo cierto es que no entiende de emociones: no es más que un organo cuya misión es la de bombear la sangre...

Todos hemos experimentado un vuelco en el corazón al ver al ser amado, pues bien: la capacidad de las emociones para modificar el ritmo y/o la intensidad del latido cardíaco, es lo que ha valido a éste para consagrarse como la simbólica e indiscutible morada de los sentimientos.



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