viernes, 15 de febrero de 2013

Colmar



Desde hace años se han venido usando los fármacos con efecto antabús para ayuda con la deshabituación alcohólica. Son productos que, al ponerse en contacto con el alcohol, producen unas muy desagradables reacciones basadas en síntomas como: sudores, mareos, vómitos, palpitaciones, taquicardia, etc...

Ingiriendo tales productos serían suficientes pequeñisimas cantidades de alcohol para desencadenar los problemas: hasta el punto de que una cerveza 0,0%, o unas rodajas de pan de molde (por su pequeño contenido en vinagre) podrían generarlos.

Hasta hace relativamente pocos años los productos antabús se vinieron usando con la complicidad de la esposa del alcohólico quien, sin saberlo éste, le ponía diariamente unas gotas en la sopa. Las reacciones que sufría le obligaban a consultar al médico el cual, sin llegar nunca a mentir, cerraba el círculo echándole las culpas al alcohol.

Esta práctica sirvió durante años para empujar a más de uno hacia la deshabituación forzada, y sigue sirviendo en la actualidad, aunque ya nunca se utilice sin el conocimiento del usuario, quien accede a tomarlo voluntaria y diariamente, como indiscutible ayuda a la hora de seguir negando la posibilidad de beber.




En estos días hemos sabido de un presunto psicópata, ex-alcohólico y empleado de la sidrería El Lavaderu, de Gijón, quien a lo largo de los últimos años habría pretendído envenenar a sus compañeros, trabajadores y dueños del local, con un antabús (marca Colme)... Se sospecha incluso que este asunto pudo provocar la muerte de un cocinero de la sidrería, en mayo de 2011...


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