sábado, 16 de junio de 2012

La irracionalidad del miedo

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En ocasiones es suficiente con un simple y agradable paseo por un pequeño y tranquilo pueblito, uno de tantos y cuantos salpican la geografía de nuestra piel de toro, para tropezarse con instantáneas como ésta.

Escenarios capaces de situar a la curiosidad al frente del motor de la imaginación... Imágenes en cuyo trasfondo tal vez se oculte una historia difícil, una personalidad complicada o ambas cosas, que pudieran rozar la necesidad de ayuda propia de algunas patologías...

Cómo es posible que residiendo en un pueblo, de aquellos en los que la tranquilidad pasa con demasiada frecuencia a llamarse tedio, uno necesite parapetarse tanto tras unos carteles de advertencia de peligro o la agresividad de un animal... ?
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Quizá no sea ésta más que la consecuencia de una onda expansiva de mi imaginación, es posible que no sea el caso que especulamos, aunque sí el pretexto para recordar a los centenares de miles de personas que, por un motivo u otro y en la enferma madurez de nuestra civilización, se encierran en el caparazón de sus vidas, incubando lo más triste de sus soledades... 
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