Al finalizar la consulta extrajo una bolsa de caramelos del bolsillo de su abrigo, e hizo el típico ademán con el que se invita al otro a colocar las manos en actitud de recibir o recoger...
Depositó en ellas 2 caramelos... Cuando quise retirarlas, insistió en que no tuviese prisa y admitiese un tercero.
-. Muchas gracias- le dije- los saborearé en el descanso y a su salud.
-. ¡De nada, gracias a Usted por haberme atendido tan bien!..
Estos detalles dulces hacen olvidar los momentos más amargos...
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