sábado, 9 de octubre de 2010

Libre elección




Me encontraba "doblando", cubriendo una baja por enfermedad tras mi consulta habitual de las mañanas. Esta de la tarde era una de esas consultas lo suficientemente concurrida, densa y correosa como para cuestionarme, con cada vistazo a los cerca de 60 pacientes que poblaban la agenda, la necesidad de meterme en esos "berenjenales".

Tras atender y despedir al tercer paciente me dispuse a salir para citar a quienes habrían de pasar a continuación cuando, casi dándome con la puerta en las narices, en la consulta entró una mujer bajita, enlutada y enjuta, de tez morena y cejas pobladas...
-. Buenas tardes. Por favor ¿quién es Ud.?
-. Margarita Romerales Ruipérez.
Tras buscar su nombre en la lista impresa hube de comentarle:
-. Margarita: observo que Ud. está citada más tarde, aproximadamente para dentro de una hora. Haga el favor de salir y esperar su turno.

Treinta minutos más de consulta y Margarita que vuelve a intentarlo...
-. Margarita: no, aún no. Salga Ud., por favor, y espere a ser llamada.

Treinta minutos más y ¡por fín!, ¡el turno de Margarita! quien entra en la consulta y, sin anteponer el formalismo de un saludo, me pregunta:
-. ¿El Doctor que está normalmente en esta consulta?
-. Ausente por unos días.
-. ¡Pues me gusta más que usted!
-. (...)



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