domingo, 21 de junio de 2026

Buena o mala sangre...

 

La primera transfusión a humanos: (año 1667)

Antes de hablar de aquellas transfusiones que nos interesan, las que se hicieron entre humanos, cabe adelantar que anteriormente se habían hecho con animales. Algunas fueron documentadas, como las que el médico español Juan de Vargas realizó entre perros. (1492 - Siglo XV).

La primera que implicó a un humano la realizó Richard Lower, usando sangre de cordero (1667). Ese mismo año, el francés Jean-Baptiste Denys también transfundió sangre de cordero, pero a un paciente sifilítico, que falleció al poco. Por ser numerosos los fracasos de este, el que sería médico de Louis XIV, las transfusiones fueron totalmente prohibidas en media Europa.

Hubo que esperar casi un siglo y medio para que se retomase el asunto: la primera transfusión exitosa ENTRE HUMANOS, se la debemos al obstetra británico James Blundell, quien extrajo sangre del marido de una paciente y la trasfundió a su esposa, parturienta... Todo ello con una jeringa. No fue perfecto, aunque al fin y a la postre fue considerado como un buen comienzo, ya que Blundell consiguió salvar al 50% de las pacientes con las que utilizó esta técnica.

Landsteiner y los grupos sanguíneos

En 1901 Karl Landsteiner descubre los grupos sanguíneos. Le valieron un Nobel, a la par que permitieron transfusiones seguras y compatibles.

En definitiva se podría decir que casi matamos a media Europa antes de descubrir que la sangre, a diferencia del vino: no es intercambiable.

El factor Rh fue descubierto más tarde, en 1940, por parte de Landsteiner y S. Weiner. También colaboraría cediendo su sangre un mono del tipo Macacus Rhesus, de ahí el nombre de este nuevo antígeno.


sábado, 20 de junio de 2026

Cereales en el desayuno

 


A veces, los grandes inventos de la humanidad nacen de un despiste en el laboratorio o en la cocina... Los Corn Flakes, por ejemplo...

A finales del siglo XIX, en el Sanatorio de Battle Creek (Michigan), los hermanos John Harvey Kellogg y Will Keith Kellogg buscaban crear alimentos sanos para los pacientes.

John, médico y ferviente adventista, estaba convencido de que la salud física y la espiritual iban de la mano y que ambas mejoraban con una dieta vegetariana, insípida y disciplinada. John Harvey Kellogg trataba a personas adineradas y famosas que buscaban curas naturales, dietas sin carne, hidroterapia y ejercicios físicos. Su sanatorio era una mezcla de clínica, spa y retiro espiritual.

Algunos fueron personas muy conocidas de la época... Thomas Edison, Henry Ford, Amelia Earhart, pionera de la aviación, también pasó por el sanatorio, Mary Todd Lincoln, la viuda del presidente Abraham Lincoln, recibió tratamiento allí. Y C.W. Post, otro paciente, terminó fundando su propia empresa de cereales (Post Cereals), inspirándose directamente en las ideas de Kellogg.

Will, por su parte, tenía menos vocación mística y más olfato empresarial.

Un día de 1898, mientras experimentaban con trigo cocido, olvidando la mezcla en el horno. Cuando volvieron, aquello era una masa reseca e irreparable. O eso parecía. Al pasarla por rodillos, la masa se desmenuzó en delgadas hojuelas. Las tostaron y descubrieron que eran ligeras, crujientes y sorprendentemente agradables. Acababan de inventar, sin pretenderlo, el primer cereal de desayuno moderno.

Aunque como en toda buena historia, el éxito trajo consigo al conflicto: John veía las hojuelas como un alimento terapéutico; Will veía un negocio gigantesco. La tensión acabó en ruptura. En 1906, Will fundó la Battle Creek Toasted Corn Flake Company, germen de la actual Kellogg Company, y empezó a vender Corn Flakes a lo grande. John, indignado, lo llevó a juicio. Will ganó. Y el resto es historia…

Desde entonces, Kellogg’s ha llenado las despensas del mundo con productos que van desde los Bran Flakes hasta los Frosties, pasando por el Special K. Todo gracias a un horno olvidado y a dos hermanos que jamás volverían a reconciliarse.



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