miércoles, 19 de diciembre de 2012

Herodes y Cía


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Dentro de unos días, como cada año, recordaremos la matanza de los Santos Inocentes, supuestamente acometida por Herodes... En ese sentido es necesario no olvidar que el infanticidio fue una práctica relativamente frecuente en nuestra historia, desde los más antiguos cazadores nómadas hasta posteriores culturas más desarrolladas, en las que los niños eran objetos de abandono o de sacrificios a sus dioses (América prehispánica, Siria, Babilonia, Cartago...etc...).

En algunos períodos de la época greco-romana era tradición que el recién nacido fuese traído al pater familias -al patriarca familiar- quien decidía si el niño iba a mantenerse y criarse o si sería dejado a morir por expósito. Las doce tablas de la ley romana obligaban a matar al niño que naciera deforme. Aunque con el tiempo el infanticidio llegó a ser un crimen capital para esa civilización de 374 EC, debemos matizar que los transgresores raramente fueron perseguidos.

Desde la Europa pagana precristiana hasta una buena parte de las culturas, de los siglos y lugares del mundo, se ha venido asesinando criaturas obedeciendo a criterios legislativos o espirituales, cuando no por meras tradiciones como la de considerar a determinados niños un mal augurio (parto en podagra, por ejemplo) o por la costumbre de enterrar vivos a aquellos quienes al nacer provocaron la muerte de su madre... 

A veces justificándose en criterios demográficos como en el caso de Japón, donde el infanticidio era conocido con el romántico término de "mabiki", que significa cortar las plantas de un jardín tupido. En la isla de Kyushu, la cuna de la civilización japonesa, llegaron a asfixiar hasta el 40% de los recién nacidos, en una práctica que se prolongó hasta principios del siglo XX.

Hubieron de inventarse las tres grandes religiones: el Judaismo, el  Cristianismo y el Islam para coincidir en la lucha contra tales prácticas... En este sentido recordamos la frase que puede leerse en el Corán: "Y no mates a tus hijos por temor a la pobreza; les damos sustento y ustedes también; seguramente matarlos es un gran pecado".

Una forma particular de infanticidio es el específicamente femenino, que vino usándose por parte de determinadas culturas machistas obedeciendo a criterios puramente económicistas y/o demográficos. Una carta de un ciudadano romano a su esposa, fechada en el año 1 AEC, muestra la naturalidad con la que se acometían estos crímenes: "Has de saber que sigo en Alejandría... ...Te pido y te ruego que te hagas de buen cargo de nuestro hijo bebé, tan pronto como reciba el pago te lo enviaré... Si das a luz antes de mi regreso a casa, si es varón, mantenlo; si es una niña deséchala".

Los esquimales vinieron arrojando al mar, con relativa frecuencia y normalidad, a sus recién nacidas hembras, hasta bien entrada la tercera década del siglo XX, en que al entrar en contacto permanente con nuestra cultura abandonaron tales prácticas. 

En China, el endémico feminicidio ya era descrito por el explorador Marco Polo, o por el filósofo Han Fei quien en el siglo III AEC escribía: "Un padre y madre cuando producen un niño se felicitan el uno al otro... Pero si producen una niña le dan muerte"... Hoy por hoy y debido a la política de "un sólo hijo", se afirma que podrían existir hasta 25 millones menos de chinas de las que cabría esperar de un criterio de selección natural... muchas de ellas perecerían ahogadas en el Yangtze, entre otros ríos y nada más nacer... Además de eso el uso ilegal del ultrasonido está difundido en China, con sonógrafos itinerantes en camionetas aparcadas, ofreciendo ecografías baratas para determinar el sexo del feto.

Los derechos de la infancia son una conquista reciente en nuestra sociedad occidental. Sirva el ejemplo ilustrado por el hecho de que Montaigne, famoso escritor y político francés del siglo XVI, consideraba a la infancia como una enfermedad,... O quizá deba comentaros también que el profesor Botella Llusia, a quien mucho más recientemente tuve por catedrático de Ginecología y Obstetricia, se refería a los infantes con el poco estético y menos acertado nombre de "el objeto del parto".

En España la primera Casa de Expósitos o de Misericordia, para niños huérfanos o abandonados, se abrió en mi tierra, en Plasencia (Cáceres), allá por el siglo XVI. El primer Hospital Infantil del mundo: el de Necker en París, no se abrió hasta 1.802.


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