miércoles, 4 de enero de 2012

No dar pie...


La sala de espera rebosaba de pacientes mocosos y febriles, como cabía esperar de unos inicios de invierno tan extraños en lo climático. El trabajo no tenía la desmedida intensidad del que venimos lidiando habitualmente; era, si cabe y desafortunadamente, mucho más denso.

Me encontraba en el turno de mañana de un Centro de Salud de la periferia madrileña, sustituyendo a un médico que se había tomado unos días por fin de año...

Con el final de una visita, la salida del paciente al que atendí y en el momento en el que me disponía a recabar, en la sala de espera, a los que habrían de ser los siguientes: en mi consulta y con paso decidido entró un individuo que se agachó comenzando, sin mediar palabra y para mi sorpresa, a descalzarse de una de sus zapatillas deportivas.

-. Perdón?!... Quién es Usted?! - Pregunté con el ademán de intentar situarlo en la relación de citados.
-. No, es que yo no...
-. ¿No está citado?... Entonces no voy a poder verlo...
-. Es que a mí el doctor...
-. Lo siento, no podemos atender a quién no tiene cita... Entienda que si todo el mundo viniese como Ud....
-. ¡¡¡PLAFFF!!!... (Portazo al salir)...


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