En el corazón del Atlántico, donde el clima templado suaviza los años y la vida discurre con ritmo propio, surgió una de las historias más llamativas de longevidad familiar en España: los Pérez, un grupo de 12 hermanos canarios que alcanzaron edades excepcionales, llamando la atención de demógrafos, periodistas y curiosos, tanto, que hasta fueron premiados por Guinnes Récords
Lo que hizo especial a esta familia no fue sólo el que varios de sus miembros superaran holgadamente los 90 años, sino que varios de ellos rebasaron los 100.
Tradicionalmente, las Islas Canarias fueron un enclave asociado a la longevidad. Su clima suave, la dieta basada en productos frescos, el contacto con la naturaleza y un estilo de vida menos acelerado que en la península, fueron señalados como factores protectores.
• Actividad física cotidiana, no como deporte, sino como parte natural de la vida.
Los estudiosos que se acercaron a investigar el fenómeno coincidían en algo: la genética de los Pérez era tan resistente como un drago milenario. Pero los propios hermanos, cuando les preguntaban por el secreto, respondían con una sonrisa pícara:
(Pura sabiduría isleña).
Con los años, los Hermanos Pérez pasaron de ser una familia longeva a convertirse en un símbolo. No solo por sus edades, sino por su manera de estar en el mundo: tranquila, firme, sin aspavientos, como si supieran que la vida, cuando se vive bien, se estira sola.
En Canarias aún sirve para recordar que la longevidad no es un misterio insondable, sino una mezcla de clima, comida, carácter y una pizca de suerte. Y quizá también porque, en el fondo, todos queremos parecernos un poco a ellos: vivir mucho, sí, pero vivir bonito.
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