martes, 12 de julio de 2011

El paciente que necesitó al psicólogo durante medio minuto


-. Buenas tardes Jacinto.
-. No, Jacinto es mi hermano, yo vengo a recoger su parte semanal de baja y su tratamiento.
(...) 
-. Muy bien, aquí tiene: Su parte de confirmación, sus recetas y la cita para la próxima semana... ¿alguna cosa más?
-. Si, quiero que me mande al psicólogo.
-. ¿¡Pero Ud. no tiene cita!?
-. ¡No, yo no, pero mi hermano sí!
-. Lo siento, lo que me pide implica entrar en su historia, analizar su problema y elaborar documentos... No puedo atenderlo sin cita, mucho menos -aún- tratándose de algo que no es urgente. Por favor, pida Ud. cita y lo haré muy gustosamente.
-. ¡Bah, da igual, ya no lo necesito!

Lo dijo desde el agresivo tono de la contrariedad... Al salir, fue con un portazo que hizo temblar las paredes de la consulta y que sonó, según el decir de Joaquín Sabina, como un signo de interrogación...

Me quedé analizando mi errónea actuación: debí dejarlo todo para enviarlo al psicólogo, ¡se trataba de una Urgencia!


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