miércoles, 17 de agosto de 2011

Gradientes

Tao

Faustino tiene 67 años... Me saluda con una frase que los médicos solemos escuchar a diario:
-. "Yo no voy nunca al médico"
La experiencia nos enseñó que quienes comienzan con este tipo de afirmaciones suelen motivar consultas abigarradas y correosas, cargadas de problemas que fueron acumulando con el paso de los meses, cuando no de los años, y que deciden plantear a la vez, inconscientes del escaso tiempo que tenemos asignado por paciente...
Faustino no hizo tal, se limitó a plantearme una única cuestión, de una forma clara y concisa...
Tras el diagnóstico extendí un par de recetas que le entregué, mientras matizaba detalles de la posología...
Faustino cogió las recetas y en un comentario dubitativo me dijo:
-. ¿Y ahora con esto, qué hago?
¡Era cierto!... ¡No sabía lo que hacer con el par de recetas!... El buen Faustino... ¡¿En 67 años nunca había ido antes al médico?!...


En el otro extremo y ese mismo día vino a la consulta Mercedes, una mujer de mediana edad:
-. Doctor, vengo a verle porque "me ha entrado" comida entre dos dientes, es una experiencia muy desagradable...
Tras explicarle que no era ese un motivo de consulta y que debía probar a solucionarlo con seda dental, cepillos interdentales o a través de la visita a un dentista, me dijo al marcharse:
-. Ya que estoy aquí... ¿Me podría mirar el oído, que creo que se me ha metido agua, el otro día en la piscina?...
-. Pero señora... ¿A Ud. no le enseñaron a dar saltitos sobre un pie, al salir del agua?


La insaciable voracidad del Capital, la avaricia de los Mercados y la irreflexiva generosidad con la que determinados partidos pretendieron comprar nuestros votos, fueron responsables directos del anuncio de unos días que pueden ser contados para el Estado del Bienestar. Indirectamente, qué duda cabe, también contribuyeron anticipando este posible ocaso los pacientes como la que describo en segundo lugar en este post: dilapidando las creces de todas sus aportaciones, y de cuantas pudo hacer el buen Faustino a lo largo de toda su vida...


martes, 2 de agosto de 2011

Perlas en conserva...

.


La paciente era Sudamericana. Se dirigió a mí en el idioma complaciente, educado y cortés que suele caracterizar a los que comparten su procedencia:
-. Buenas tardes, Doctor.
-. Buenas tardes. Dígame Ud... ¿En qué puedo ayudarla?
-. Pues verá Ud... -me dijo en un tono de cierta preocupación- Es que hace como dos meses que no me pongo enferma.
-. ¿Dos meses sin estar enferma? -ahora el preocupado era yo, que no entendía...- ¡¡¡¿¿¿Pues mucho mejor, no???!!!
-. ¡No, Doctor!. ¡Yo estoy preocupada!... ¡A mí siempre me vino regularmente, cada mes!

Autocolleja y repetición de la moraleja, persiguiendo su memorización: "¡Antes de sentenciar, hay que intentar comprender al interlocutor, lo sé pero siempre se me olvida!"



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